LA CIRUGÍA BUCOMÁXILOFACIAL, LA IMPLANTOLOGÍA Y EL COVID 19

El epicentro de la pandemia por SARS-CoV-2 comenzó a fines de diciembre de 2019 en la ciudad china de Wuhan, y con cierta celeridad se extendió a más de 190 países del planeta.

Por: Prof. Dr. Eduardo Bava

Esta fuerza de amplificación hacia el mundo entero es lo que impulsó a la OMS a declarar la emergencia de salud pública mundial el 30 de enero de 2020 por el nuevo coronavirus, que desde hace casi cinco meses paralizó al mundo. Esta circunstancia tan particular que le toca vivir a la  humanidad  no es la primera vez que sucede. En el pasado más reciente es importante tomar como marco la epidemia por SARS 1 (2002-2003) y MERS (2012). Si bien el SARS 1 fue una infección muy severa con una tasa de mortalidad del 10%, no se extendió a muchos países. El brote se identificó por primera vez en Foshán, Cantón, China en noviembre de 2002 y llegó a occidente concentrándose principalmente en Canadá, cuya tasa de mortalidad fue más alta que la actual por COVID-19 (entre 3 y 4%, según estimaciones de la OMS).

En 2012 apareció el MERS en Arabia Saudita y en los países de esa región, ocasionando una nueva epidemia de la familia de los coronavirus. Se registró una tasa de mortalidad aún mayor, casi del 37 %.

Considerando los antecedentes enunciados, se dispara la siguiente pregunta: ¿Cuál es la diferencia con el COVID-19 en esta familia de los coronavirus que hace varios años acechan al mundo?

El COVID-19 se extiende fácilmente en la comunidad por su alto grado de transmisibilidad provocando infecciones no muy severas, a diferencia de las causadas por SARS y MERS.  El 80% de las infecciones que provoca el COVID 19 son leves o moderadas, la mayoría de las personas afectadas experimentan síntomas leves a ‎moderados y se recuperan favorablemente sin tratamiento ‎especial.

Pero más allá de lo estrictamente sanitario, unas de las grandes preocupaciones del COVID19 es lo que está generando en forma directa o indirecta en la sociedad. Por un lado el desborde de los sistemas de salud en diversos países del mundo, sumado a las consecuencias sociales, psicológicas y económicas.  El aislamiento social obligatorio ha sido indicado por los epidemiólogos e infectólogos de casi todo el mundo con el objetivo de evitar la propagación del virus, habiendo demostrado su alto grado de efectividad cuando fue y es aplicado en forma adecuada y sin influencias políticas ni económicas.

Sin duda esta situación tan particular ha afectado los sistemas sanitarios, económicos y políticos de todo el mundo, dejando en evidencia las falencias históricas de los mismos independientemente del nivel de desarrollo de los países  afectados.

La profesión odontológica no ha quedado exenta de este conflicto real y filosófico, siendo unas de las más afectadas por su alto grado de probabilidad de transmisibilidad y de infección de los profesionales y  pacientes. Desde el inicio de la pandemia, las Universidades y las instituciones que nuclean a los odontólogos comenzaron a sugerir protocolos de bioseguridad y EPP, los cuales hasta el día de hoy siguen siendo controvertidos y son permanentemente modificados por el bajo nivel de evidencia que existe de esta enfermedad. Como era de esperar aparecieron algunos colegas dando información  sin ningún tipo de sustento, que luego fueron desmoronadas por la evidencia. Por tal motivo creo que los profesionales debemos formarnos e informarnos con fuentes seguras y con aval científico.

La cirugía Bucomáxilofacial y la Implantología no escapan a los grandes cambios que se han producido en los preceptos del hábito y el ámbito quirúrgico, pero con la ventaja que los odontólogos que se han formado en estas especialidades tienen una mayor preparación para incorporar las modificaciones que se han impuesto en la bioseguridad y EPP. No obstante enfrentamos los mismos inconvenientes que las demás especialidades de la odontología, la temida AEROSOLIZACION. No existe ningún tipo de duda en que el mecanismo de contagio del COVID 19 se produce a través de micro gotas de saliva y secreciones expulsadas al hablar o toser. Frente a esta situación, los cirujanos y rehabilitadores, nos enfrentamos a tres complicaciones. Las personas que transitan la enfermedad de manera subsintomatica, la cercanía que tenemos con el paciente y la generación de aerosoles por el instrumental utilizado. En la cirugía y en la implantología también generamos aerosoles,  pero quizás en menor medida que en otros tratamientos odontológicos. Realizar cirugía de tejidos blandos e irrigar con jeringas tipo Luer minimiza la generación de micro gotas, por lo tanto es menor el riesgo de contagio.

En relación a la implantología, el fisiodispenser con el micromotor reductor utilizado a la menor velocidad posible es uno de los instrumentos rotatorios que genera poca cantidad de aerosolización.

Respecto al uso de la turbina, el bisturí piezoeléctrico, cierras oscilantes etc. en las prácticas quirúrgicas y de rehabilitación, pueden generar mayor cantidad de aerosol, por lo que se sugiere reducir su utilización. Por tal motivo se indica el uso de instrumental manual mientras la situación lo permita.

Bajo el manto de este breve análisis podríamos concluir que son varias las acciones que podemos realizar en nuestros pacientes, además de las urgencias, siempre respetando los protocolos y evaluando la situación epidemiológica, podemos lograr un bajo nivel de riesgo.

Si bien algunos Ministerios de  Salud, la OMS y algunas instituciones han sugerido al inicio de la pandemia sólo la atención de urgencias, hoy después de casi 6 meses la situación es absolutamente diferente y depende de cada país o ciudad, de la fase de pandemia que estén transitando, el Triage  que se implemente, el nivel de circulación comunitaria de cada lugar y de los datos que nos brinden los criterios epidemiológicos como el RO, la curva de los nuevos infectados, la cantidad de días de duplicación de los casos, cantidad de testeos e índice de letalidad. Estos parámetros sumados a nuestro conocimiento de la enfermedad y el sentido común harán de la cirugía y la implantología una práctica segura sin poner en riesgo al profesional ni a los pacientes.

Mientras la comunidad científica no genere una vacuna  o tratamientos efectivos y seguros, los paradigmas de la profesión odontológica han mutado de una forma trascendente. Pero teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente creo que la especialidad puede realizase en una forma lo suficientemente  segura respetando todos los protocolos impuestos para nuestra tranquilidad y para los cuidados que la sociedad en general requiere.

A NADA EN LA VIDA SE LE DEBE TEMER. SOLO SE LE  DEBE COMPRENDER.   MARIE CURIE

Prof. Dr. Eduardo Bava
Profesor Adjunto catedra O.I.N.
Facultad de Odontología Universidad de Buenos Aires
Especialista en cirugía bucomaxilofacial
Docente Circulo Argentino de Odontología
Director Posgrado en rehabilitación e implantes del CAO
Director Área Asistencial de implantes del CAO

Prof. Dr. Eduardo Bava